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05 January 2011 @ 03:44 pm
[fic] Gokusen Movie: Series (Ryu-Hayato)  

GOKUSEN MOVIE SERIES

Título: Cásate conmigo (o moriré en el intento)
Autora: slayer_kur 
Fandom: Gokusen Movie
Pairing: Ryu + Hayato
Resumen: En la lista de prioridades de Hayato, una mascota y matrimonio ocupan los primeros puestos. Ryu nunca ha sabido decirle que no a ninguno de sus caprichos.
Rating: Nc13
Warnings: Slash M/M. Humor. Fluffy
Notas: POST Gokusen Movie

 

 

En realidad, le cuesta horrores sacarle de la cama, y para que conste, normalmente es al revés. Que no es que Hayato sea vanidoso por naturaleza y le guste atribuirse méritos que no merece, pero las cosas son así. Por eso, cuando ha visto que dejarle desnudo tumbado en la cama al destaparle y retirar la sábana a sus pies -cosa que al principio ha logrado despistarle cuando se le ha quedado mirando-, no funcionaba del todo, ha decidido emplear la fuerza bruta y… ha ido a por un balde de agua congelada que ha dejado caer sobre él, ganándose unas cuantas maldiciones que seguro que todos sus familiares sufrirán la mar de contentos.

-Levanta.

-¿Para qué coño?

-Menudos humos por la mañana- La mirada de Ryu, con el pelo en la cara, es de las más elocuentes que ha visto en su vida, y si no estuviera tan acostumbrado quizá, sólo quizá, tendría un poco de miedo. Pero como resulta que sí lo está, se limita a devolverle la mirada, parpadeando como si tal cosa, invitándole a abandonar la cama y a acompañarle.

-Hayato, espero que te estés muriendo y necesites urgentemente ir al hospital, o que la casa se esté quemando, o que nos haya tocado la lotería y vayamos a recoger el premio, porque si me has despertado en mi mañana libre simplemente porque te aburres, ves preparándote un culo nuevo porque eso que te cuelga no te va a servir nunca más con el mío.

Ante la amenaza Hayato se sobresalta un poco, que no es moco de pavo eso que le ha dicho, y poniendo los brazos en jarras entrecierra los ojos, negando con la cabeza para darle a entender que es una persona cruel.

-Quiero que me acompañes a un sitio.

-¿Es que necesitas que te lleve de la mano?- Y sin ser consciente realmente de que está desnudo, mete la cabeza bajo la almohada, rezando para que Hayato se dé por vencido y le deje en paz. Aunque, pensándolo bien, debería conocerlo mejor, y resopla cuando nota el peso a su lado hundiendo la cama. La mano del castaño le acaricia la espalda, subiendo arriba y abajo por la espina dorsal, y Ryu se estremece sin a penas quererlo, dejando escapar un gemido de rendición.

-Acompáñame- Es a penas un susurro, mientras no deja de mover la mano. Mira que puede ser seductor el cabrón, cuando quiere, piensa Ryu sacando la cabeza de debajo de la almohada para comprobar que realmente va en serio y que quiere llevárselo a vete tú a saber dónde a las –mira el reloj- ocho y media de la mañana.

Hayato podría haberle dejado dormir, sí, igual que podría permitirle muchas cosas y que muy agusto le fastidia sólo para hacerle rabiar; pero esa no es una de tantas veces en las que quiere sacarle de sus casillas, esa vez quiere que esté con él, de verdad, y que no se encierre en si mismo como sucede siempre que regresan de una cena con su familia.

Normalmente Hayato no da crédito a las estupideces del mundo; bueno para ser sinceros sí lo hace, no hace falta mucho para calentarle de tal manera que explota y arrasa con todo lo que hay a su alrededor, pero por regla general, se la trae floja la opinión que puedan tener los demás de él, si se enfada, grita, discute y pelea, siempre suele ser por algo que afecta a las personas que quiere, y no por algo que le afecta a él. Y no hay persona que él más quiera que Ryu, por eso la noche anterior estuvo a punto de perder los estribos en casa del pelirrojo, y si no lo hizo fue precisamente por eso, porque le quiere demasiado. Pero un día de estos, más cercano que lejano, va a terminar perdiendo la poca paciencia que ya de por sí tiene, y matará a Odagiri-san con sus propias manos. No es que la madre de Ryu le acoja con los brazos abiertos, ni le regale bufandas por navidad ni comparta recetas de cocina, pero al menos la mujer tiene el detalle de invitarles una vez a la semana para ver qué tal les van las cosas. Nunca cenan con su padre, siempre se excusa alegando que tiene trabajo, que está atareado, y a veces, cuando es más sincero, confiesa que simplemente no quiere verles. Y la noche anterior fue una de esas ocasiones en las que, al cruzarse en la puerta de casa cuando ya se iban, les dejó bien claro que si hubiera podido evitar ese encuentro desagradable, lo hubiera hecho.

Ryu no es precisamente el señor emociones; Ryu no llora cuando siente dolor, y pocas veces sonríe cuando es feliz, por eso a Hayato le parte en dos ver la expresión que se le queda después de cada uno de esos encuentros. Y le cuesta horrores borrarla de su cara; a veces ni siquiera lo consigue, y tiene que lidiar con un Ryu serio y taciturno durante días. Pero esa vez no, esa vez tiene un plan especial.

-¿Vienes conmigo o no?

-¿Tengo elección?

-No.

Ryu le mira interrogándole con la expresión ¿entonces para qué preguntas?, pero se incorpora en la cama escondiendo la sonrisa cuando, tirando de su mano, Hayato le arrastra por entre las sábanas ayudándole a salir. Sigue tirando de su mano por la calle, ignorando las miradas curiosas de aquellos a quienes resulta extraño que dos hombres anden de la mano, o quizá les miren porque Ryu sigue llevando el pelo alborotado y los ojos entrecerrados –los llevaría totalmente cerrados si se fiera más de Hayato y no temiera que, como broma pesada, le guiara hacia una zanja sólo para reírse-

-¿A dónde vamos?

-Espera y verás.

Y no tiene que esperar mucho; cinco minutos después están en el parking descubierto en el que Hayato estaciona el camión, y sin a penas percatarse Ryu se encuentra plantado en mitad del asfalto, con una balleta en la mano, un cubo a los pies, y un spray en la otra mano. Le cuesta enfocar porque aún va medio grogui, pero cuando cae en la cuenta de lo que sucede no tarda en resoplar, apartándose el pelo de la cara para que la mirada asesina sea más efectiva.

-¿Qué pretendes, Hayato?- Sisea, consciente de que no lleva las manos al cuello del castaño porque tiene la balleta y el spray en ellas. Luego observa con precaución los movimientos de Hayato, que sujeta una goma entre los labios mientras se recoge el pelo para proceder segundos después a sujetárselo en una coleta alta de la que le escapan algunas mechas. Es por eso, maldita sea, por la visión del piercing que normalmente tapa el pelo, que Ryu se desconcentra de su misión de matar con la mirada y ni siquiera se percata de que Hayato camina hacia él, escondiendo la sonrisa socarrona. Se queja un poco cuando el castaño levanta las manos hasta su propio pelo, y se queja todavía más cuando descubre su intención, pero sus extremidades todavía no son capaces de funcionar porque si lo fuesen, una de dos: bien soltaría la balleta para arrearle, o bien levantaría una rodilla para arrearle. Sin embargo no hace ninguna de las dos cosas, y se deja  manipular por Hayato, que está recogiéndole el pelo en un pirri de lo más odioso. Cuando termina, le mira tan contento que incluso le da un beso en la frente, como si fuera un niño bueno. Ahora sería el momento de levantar la rodilla y dejarlo impotente de por vida, pero sigue sin poder.

-Ahora estás listo.

-¿Listo para qué? ¿Para coger una revista y hacernos la manicura?

-Eso si quieres podemos hacerlo después, primero el trabajo.

Y sacándose del bolsillo de atrás de los vaqueros desgastados un trapo, se dirige hacia el cubo, mojándolo y pasándolo por la superficie del camión, que parece haber regresado de la guerra porque está más cerdo que cerdo.

-¿Me has traído para limpiar el camión?

-La pareja que limpia unida, permanece unida.

-No si una parte de la pareja decide cometer asesinato, en tal caso la pareja que limpia unida acaba en funeral.

-Confío en que no lo hagas delante de mi grandullón, es un sensible y se me traumaría al presenciar un asesinato- Y acaricia el camión como acaricia a la moto cada vez que Ryu hace algo que podría ofenderla. Poniendo los ojos en blanco, él también hunde el trapo en el cubo, y resopla mientras pasa la balleta de un lado a otro, sin muchas ganas.

No puede contener el bostezo que se le escapa, y se recrea más de la cuenta en limpiar una parte a la que va a sacar brillo, así que no se queja cuando Hayato le empuja suavemente para que continúe por la otra parte.

Un silencio cómodo se instala entre ellos, pero por otra parte es algo a lo que ya están acostumbrados. De todas formas es, cómo no, Hayato el primero en acabar con la tranquilidad.

-Ne Ryu…he estado pensando.

-Peligro…- Lo susurra con voz cantarina, esquivando el trapo cuando Hayato se lo lanza, riendo por lo bajo.

-¿Qué te parecería tener otra mascota?

-Ni hablar.

-Mooou Ryu, pero yo quiero otra mascota. Canario y yo nos sentimos solos cuando tú no estás.

-Deja de llamarle Canario, se llama Birdie.

-Bueno, perdona, pero ¿quién le puso ese nombre en primer lugar? Yo fui quien lo encontró, y yo lo bauticé como Canario, así que lo llamo Canario. Además, anda que Birdie es mucho más original. Menudo nombre más marica para un Canario.

-Menos mal que no tenemos un perro porque si tuviéramos que llamarle cada uno por un nombre volveríamos loco al pobre animal.

-Oh, sí, un perro- Continúa limpiando sin descanso mientras sonríe como un idiota imaginando lo guay que sería tener un perro; siempre quiso tener uno pero su padre nunca les dejó.

-Conociéndote, si tuviéramos un Dálmata le pondrías de nombre Manchas, si tuviéramos un gato persa le pondrías Peludo, si tuviéramos un pez payaso lo llamarías Payaso, o lo que es mejor, Naranjito, y si tuviéramos un…poni, lo llamarías…bueno, Poni.

-¿Qué tiene de malo?- Y lo dice tan serio que Ryu tiene ganas de reírse mientras termina de quitar una mancha de la parte trasera.

-No vamos a tener una mascota.

-¿Por qué no?

-Tengo alergia.

-¡No es verdad!- Hayato está indignado y un poco cabreado; de hecho está tan cabreado que podría coger el cubo de agua y vaciárselo en la cabeza, pero si lo hiciera tendría que ir a llenarlo otra vez para seguir limpiando y no le apetece. Así que se limita a resoplar, frotando con más fuerza de la necesaria.

En la parte trasera, Ryu aprovecha que está fuera de su radio para dejar salir la sonrisa. A veces Hayato es como un niño grande, que protesta cuando no obtiene lo que quiere, y que se emociona cuando por fin se lo dan. Seguramente acabarán teniendo un nuevo inquilino en casa que se llame Perro y que hará compañía a Hayato y a Canario, pero hasta el momento, disfrutará haciéndole rabiar. Carraspea cuando oye al castaño preguntándole algo desde la otra parte, y deja de fregar para oírle mejor.

-Ne Ryu…- Por un momento se hace el silencio y Ryu escucha atentamente, con curiosidad. -¿Quieres casarte conmigo?

Ni siquiera nota cómo la balleta se le escurre de entre las manos y cae al cubo salpicando el cemento a su alrededor. Traga saliva sonoramente, y pega un salto en el sitio cuando Hayato se asoma mirándole con el ceño fruncido.

-¿Cómo dices?

-Que si has terminado ya esa parte, que a este ritmo no acabamos hoy.

Mirándole fijamente, sacude la cabeza riéndose de sí mismo. ¿En qué estaría pensando? Casi le da un soponcio de la impresión. Ja, ja. Ahora se ríe en voz alta y todo, ignorando la expresión de Hayato.

-Ne Ryu… ¿te quieres casar conmigo sí o no?

Esta vez el trapo no se le escurre. Lo agarra con fuerza y camina hacia la otra parte, donde Hayato está frotando una mancha a conciencia.

-¿Qué?

-Que si puedes pasarme el spray. Caray estás espesito hoy, ¿eh?- Tiene la osadía de burlarse en su cara, mascando chicle cuando le señala que se va a la parte delantera a arrancar mosquitos del cristal. Lo único que puede hacer Ryu es quedarse plantado en el sitio, mirándole mientras camina jugando con el trapo entre las manos y tarareando una canción. Se está volviendo loco; levantando una ceja, mira a su alrededor, constatando que no alucina con más cosas y que de un momento a otro no va a empezar a ver conejitos rosas bailando a su alrededor. Luego ladea la cabeza, comprobando que el camión no tiene boca y ojos y va a arrancarse con una copla.

Después vuelve a mirar a Hayato, que se ha detenido antes de dar la vuelta al camión para mirarle. Mantienen el contacto visual durante unos segundos en los que el castaño va a volver a preguntarle si está bien, pero acaba venciendo la risa y emite una carcajada que tiene que haberle dolido en la garganta y todo.

-Tienes que verte la cara- No, tiene que vérsela él cuando acabe con ella; porque piensa utilizar sus dos puños y algunas otras partes del cuerpo para dejarle un bonito recuerdo de esa broma grabado en su cara. De momento, empieza tirándole el trapo empapado a la cabeza, maldiciendo cuando Hayato no se inmuta y se lo retira quitándose la suciedad.

-No tiene ni puta gracia.

-No, no la tiene- Todavía riendo, se rasca distraídamente el brazo, observando cómo Ryu pone los brazos en jarras evitando mirarle. –Pero no me has contestado.

-Deja ya la coña- Está a punto de coger otra balleta y ponerse a limpiar cuando se da cuenta de que Hayato ya no se está riendo, al contrario, le mira fijamente moviendo los labios como si buscara las palabras.

-No es ninguna coña. ¿Te quieres casar conmigo o no?

-Obviamente no. ¿A qué viene esto?

Ahora sí que está totalmente perdido. No tiene ni idea de lo que ha llevado a Hayato a idear semejante estupidez, pero tampoco tiene ganas de pensarlo. A veces Hayato es así, tiene ideas de bombero y simplemente es mejor dejarle que refunfuñe durante un par de días hasta que se olvide.

-No es ninguna estupidez, ¿por qué no quieres casarte conmigo?- Lo pregunta totalmente en serio y Ryu tiene la delicadeza de no reírse cuando se da cuenta de que podría herirle, pero ¿qué espera? Que Hayato le está pidiendo la mano en matrimonio, por Dios, le falta arrodillarse con el anillo en la mano.

Cuando le ve acercarse, por un momento teme que en realidad vaya a hacerlo, por eso da un paso hacia atrás, evitándole, pero Hayato ni se arrodilla ni se saca un diamante del bolsillo, se limita a cruzarse de brazos esperando una respuesta.

-Creo que has esnifado algo que te ha perjudicado, Hayato. No puedes estar hablando en serio, me parece que tienes el cerebro suficiente como para saber que no vamos a tener una boda y que mucho menos, a pesar de tu retorcida imaginación, voy a vestirme con un traje de novia con velo y todo, que sé que en realidad es lo que quieres- Quiere que suene a coña, que es lo que es todo, una coña, pero no le sale y se remueve incómodo, aunque manteniendo una fachada imperturbable.

-Por supuesto que sé que no vamos a tener una boda. No soy tan estúpido. Sólo quiero que sea legal, ya sé que es un poco frívolo pero no me negarás que es más seguro. He estado pensando un poco, y antes de que me digas nada, ya sé la poca credibilidad que tiene eso para ti. Llevamos como desde siempre juntos y ¿qué sucederá si nos pasa algo a alguno? O si tenemos hijos o…

-¿El qué?- No piensa pedirle que le repita eso pero por un momento le da por pensar que definitivamente sí está alucinando, porque Hayato no puede estar proponiéndole que tengan hijos como si tal cosa. -¿Qué será lo siguiente? ¿Decirme que también piensas sobornar al director de la residencia de ancianos para que nos deje compartir habitación cuando tengamos ochenta años?

-Bueno, sí, ¿tú no piensas en ello?

-No- Suena tan rotundo que por un momento se arrepiente por la expresión que ve en la cara de Hayato, así que suspirando deja el trapo en el suelo, acercándose a él.

-Hayato, no puedes estar hablando en serio. ¿Niños?

-¿Por qué te has quedado con la única parte de mi discurso que era figurada y totalmente imposible?- Se le quita un peso de encima cuando le ve sonreír, y suspira aliviado riendo él también.

-Pero iba en serio, ya sabes, lo de casarnos.

-No necesito un papel que me diga que estamos casados. Aguantarte cada día es prueba suficiente- Esquiva el trapo que todavía sostenía Hayato, sonriendo con la lengua en la mejilla cuando el castaño le insulta.

-Mouuuu, me siento totalmente rechazado- Acuclillado en el suelo, se revuelve la cabeza deshaciéndose la coleta y haciendo que todo el pelo le caiga alborotado, y luego dirige la mirada hacia Ryu, sonriendo con perversión.

-Bueno, qué se le va a hacer, encontraré otras maneras de convencerte.

-Eres libre de intentarlo como te plazca.

-Me placerá, no te preocupes, y a ti también.

Vuelve a recogerse el pelo, humedeciéndose los labios olvidada ya toda la tensión, y para sorpresa de Ryu, abre la puerta invitándole a que pase.

-¿A dónde vamos?

-Tú sube- Ya está cerrando la puerta tras de él, y le mira confuso mientras Hayato se acomoda en el asiento poniendo la llave en el contacto.

-A esto en algunos lugares se le llama secuestro.

-¿Ah sí? Denúnciame.

-Tengo clase esta tarde.

-Llama a Carmen-sensei, ella te cubrirá.

Bueno, pues ya se ha quedado sin argumentos. Encogiéndose de hombros, se gira para alcanzar el cinturón, dándose cuenta con sorpresa de que encima de la cama donde tantas veces se han revolcado, hay dos bolsas llenas de ropa.

-¿Habías preparado todo esto? Pero qué romántico te has vuelto de repente.

-No finjas, sé que tú también me vas a regalar algo, te he visto envolverlo esta mañana- El camión sube la rampa del parking, y Ryu no quiere distraerle no sea que vayan a dejar su bonita estampa en una pared, pero sí que resopla exasperado.

-No es verdad; Hayato te he dicho mil veces que no registres los armarios en busca de los regalos.

Sonriendo, Hayato mete la marcha, lanzándose a la carretera. Piensa llevar a Ryu a un sitio realmente inolvidable por su aniversario. Quizá no consiga convencerle de que se casen, pero al menos intentará dejarle embarazado. Varias veces.