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05 January 2011 @ 04:04 pm
[FIC] GOKUSEN MOVIE  
GOKUSEN MOVIE: PRESERIES

Autora: genki_nya 
Fandom: Gokusen Movie
Pairing: Kyohei+Carmen
Resumen: Un día puede dejar de ser normal cuando alguien te cae literalmente del cielo para empezar una especie de relación.
Rating: Safe
Warnings: Humor
Notas: PRE Gokusen Movie


Con cuidado asoma la cabeza por la esquina, con unas gafas de sol de pasta negra que tiene apoyadas en el puente de la nariz más bajas de lo normal para poder ver con claridad la calle; bueno, para ver la calle simplemente, porque resulta imposible distinguir algo con eso puesto, ya sea de día o de noche. Sí, Kyohei es de los que lleva gafas de sol de noche.

Al parecer no hay moros en la costa y echándose de nuevo una rápida ojeada respira hondo y se prepara para salir. No tiene ni idea de porqué alguien debe vestirse de esa manera cuando quiere ir de incógnito, porque está claro que una persona que lleva unas gafas de sol casi más grandes que su propia cara y cada dos por tres se las tiene que subir, una gorra fosforita de propaganda, que camina deprisa y girando la cabeza para comprobar que no le siguen, no pasa precisamente desapercibido. Algunas personas pensarán que es un terrorista o algo por el estilo. Pero cómo ha llegado a ese punto tiene su explicación lógica y tiene que ver todo con la amistad hacia Takenaga.

El pobre chico iba a tener una cita con su chica para la que habían quedado en ir al parque de atracciones esa tarde.

-A Paula le encanta subirse a la montaña rusa y a la noria –dijo Takenaga la noche anterior riendo nervioso.- ¡Me dan miedo las alturas! –y siguió riéndose sin saber muy bien por qué.

Entonces Kyohei tuvo que aceptar en acompañarle por la mañana y que intentara montarse en ambas atracciones para dar una buena imagen a la chica que tan emocionada estaba. Total, no esperaba que mucha gente fuera al parque de atracciones a esas horas. Pero con lo que no contaron fue que las chicas iban al instituto por las mañanas y efectivamente  acabaron descubriéndolos. A Kyohei se le heló la sangre en el momento en que oyó unos agudos gritos femeninos no muy lejos de donde él se encontraba comprando tickets de feria.

-Oh…mierda –murmuró lo suficientemente alto como para que su amigo entendiera.

No tardaron en estar rodeados de adolescentes histéricas y sin pensárselo demasiado se despidió de su amigo y salió corriendo tan deprisa que no se dio cuenta de que había atropellado a un chico que repartía folletos de propaganda. Se levantó rápidamente pidiendo perdón y le tomó prestada la gorra sin permiso.

Y ahí está ahora, escondido entre la pared y un buzón de correos cuando se decide a salir y fingir que nada ha pasado, igual hasta puede volver a la feria, aunque no está muy seguro de que el otro siga allí esperándole. Sin quitarse la gorra ni las gafas da un par de pasos hasta que oye de nuevo ‘ahí está’ seguido de muchas voces gritando su nombre.

-Otra vez…-se queja a nadie en especial y empieza su carrera de nuevo dejando a los viandantes anonadados, no sabe si por él o por toda la tropa de fans que le siguen de cerca. Pero llega a un punto en el que no puede dar un paso más, y no porque esté cansado sino porque no hay más calle. Ha llegado a una zona de tierra al parecer restringida porque está llena de vallas y cintas amarillas, como las que utilizan los policías. No sabe exactamente qué se hace ahí, pero da la espalda a esa zona desierta y por primera vez encara a las mujeres que le persiguen y que ahora están paradas pero mirándolo como si estuvieran viendo una tarta de tres pisos y tres sabores diferentes. Con pequeños pasos las de las primeras filas le acechan y él automáticamente da un par de pasos hacia atrás, notando como la tierra se desprende bajo sus pies.

 

····················································

Carmen se abanica con su propia gorra para notar algo de vida, porque el calor es realmente insoportable. Hasta se ha bebido una botella de agua ella sola, bien fría claro, y mira que a ella el agua…Mira a ambos lados preguntándose dónde se habrá metido la otra, porque tienen que empezar a limpiar las piezas que hallaron el otro día. Está apunto de marcar su nombre en la agenda del móvil cuando Julia llega por detrás tan de repente que casi se le cae el móvil de las manos.

-¿Dónde te habías metido? –pregunta recuperándose un poco del (no) susto.

-Perdona, es que me he encontrado con uno que estaba pegando papeles buscando su osito de peluche –explica Julia enseñándole un papel con la foto de un osito marrón y un número de teléfono.

-Aww ¿qué edad tenía?

-Veintitrés –a su amiga le brillan los ojos.

-¿Meses? –pregunta esperando sinceramente que sean meses.

-Años –responde Julia tan contenta -¿No te parece adorable?

Carmen no responde, pues no sabe si adorable es realmente la palabra adecuada para el caso. Se encoge de hombros y le quita el papel de las manos, lo dobla y empieza a abanicarse con él. Se pone de camino hacia su improvisado laboratorio, que consta de una mesa de playa, dos sillas y una sombrilla (son las nuevas y tienen que quedarse con lo cutre), pero mientras van caminando, algo le cae por el hombro. Se pasa la mano y ve que es tierra, y cuando levanta la cabeza con los ojos entrecerrados por el sol, lo único que consigue distinguir es una figura oscura que va cayendo, directamente encima de ella.

 

-¡Esposa! –oye como a lo lejos mientras unas manos le zarandean -¡No vayas hacia la luz!

Carmen abre los ojos por fin y al principio el sol la ciega, pero cuando ya se ha acostumbrado a la claridad se encuentra justo enfrente de ella al que posiblemente sea el chico más guapo que ha visto en su vida; y también el más asustado, porque está como escondido de un montón de miradas y cabezas que asoman desde arriba, de donde ha caído.

-Lo siento mucho ¿te encuentras bien?

Estaría mejor si pudiera acercarse y acariciarle las mejillas, es que tienen pinta de ser la mar de suaves, pero bueno…

-Sí, tranquilo. ¿Y tú, te has hecho daño?

Él niega con la cabeza echando miradas rápidas hacia arriba, donde sus perseguidoras están preguntándose dónde habrá ido a parar.

-¿Te persiguen porque les has hecho algo? –Él niega de nuevo-¿Te persiguen porque le has puesto los tochos a tu novia que es amiga suya y ahora quieren vengarse?

Kyohei empieza a asustarse de las dos que tiene delante y retrocede un poco más, manchándose el pantalón con arena y clavándose algunas piedrecitas en las palmas de las manos. Entonces las dos chicas se levantan, la morena empieza a dar gritos a las cotillas de arriba para que dejen de molestar a los arqueólogos mientras trabajan; por su parte la rubia se acerca a él despacio, como quien se acerca a un gato con miedo de que escape y le tiende la mano para ayudarle a levantarse.

-Sígueme, no te entregaré a ellas, sean quienes sean, te lo prometo. –dice ella con una sonrisa sincera. Tras pensárselo un poco, Kyohei le coge la mano y se levanta del suelo. Mientras se sacude los pantalones ella coloca un casco amarillo en la cabeza y le da una pala para hacerle pasar por excavador, o lo que quiera que sean los que están por ahí.

 

Corriendo por la acera seguidos de cerca uno de otro han conseguido despistar a las locas de antes y llegan a una cafetería en la que Carmen entra, y Kyohei también más que nada porque no le ha soltado la mano desde que han salido de la excavación, por si se extraviaba por el camino o algo.

-¿Un helado?

Él se encoge de hombros, y piensa que aunque hubiera dicho que no daba igual porque ella ya se estaba sentando en una silla, de modo que la sigue. Piden cada uno lo suyo y no tardan nada en servírselo. Carmen da un sorbito a su batido y pregunta.

-¿Con qué clase de gente sales tú normalmente? Lo de antes no era nada normal ¿eh?

-No salgo.

-Uhm entonces debes ser muy popular por tu barrio

Él no contesta y sigue con la vista fija en su helado. Carmen tampoco dice nada y se queda mirándole mientras él carga de nuevo la cucharilla de helado. No tiene ni idea de quién es, igual debería preguntar por la calle por si acaso está con algún famoso de la tele o algo y ella no tiene ni idea. Pero se le van las ganas de saber su identidad cuando le mira a los ojos y ve algo raro en ellos. A pesar de estar comiéndose un helado gigante del copón con nata por encima parece que en realidad no esté disfrutando en absoluto; no ha sonreído ni una sola vez desde que se han visto y ahora se pregunta cuál es el motivo de tanta tristeza. Quiere romper el hielo de algún modo sin meter la pata, porque no quiere que él hay también de ella como lo hacía de las otras chicas.

-Oye… ¿cómo has acabado saltando una valla y encima de mí?

-Yo…pensaba que había suelo donde estaba pisando. Eso es todo.

Carmen asiente frunciendo los labios en una mueca infantil que le resulta graciosa y le hace, muy a su pesar, sonreír un poco, sin que ella se entere. Es entonces cuando se da cuenta de que ha actuado de forma un poco egocéntrica y estúpida cuando lo único que ha hecho ella ha sido ayudarle a librarse de esas pesadas y encima llevarle a comer helado. Se rasca la nuca un poco avergonzado y levanta la cabeza para mirarla en el momento en el que ella abre la boca para decir algo, pero él se le adelanta.

-¿Sabes? Eres la primera persona que me invita a algo sin pedirme nada a cambio.

-En realidad iba a preguntarte si me dejabas probar tu helado, pero no importa…

Ahora sí, se ríe y bien. Carmen le mira alzando las cejas pero también pone una amplia sonrisa en su cara cuando él desliza su copa de chocolate y trocitos de galleta y caramelo por la mesa para que se sirva por sí misma.

-Sankiu…como te llames.

-Takano Kyohei –se lo dice él sin más, posiblemente porque no se lo ha preguntado. No está seguro, pero le apetecía decírselo y punto. –Creo que debería irme, mi amigo debe estar buscándome por el parque de atracciones; es que ha quedado con una chica esta tarde…

-Anda, mi amiga también ha quedado allí, ahora que lo dices –recuerda Carmen mirando al techo.

-Qué casualidad, es española ¿sabes?

-Como mi amiga…su “amigo” se llama Takenaga o algo así, creo…

-Vaya, como mi amigo…

Y de repente se empiezan a reír los dos, como si fuera la casualidad más graciosa del mundo. Carmen se acuerda de pronto que en realidad debería estar trabajando y dando un largo sorbo a su batido se lo termina para levantarse de la silla. Kyohei la ve sacarse la cartera del bolsillo pero no le permite sacar nada de ella.

-Yo pagaré –saca su monedero y no hay mucho dinero dentro (es lo que pasa cuando tu jefe te acosa y tú con una patada le dejas estéril por una temporada, que te despide y no cobras), pero no le importa del todo invitarla esa vez.

-Pero si te he invitado yo –replica ella.

-Bueno, pues la cosa ha cambiado –baja la mirada para explicarse pues Carmen no entiende bien –te invito para agradecerte que me hayas invitado…y por haberme ayudado.

-Me parece bien –para dar veracidad a sus palabras asiente una vez con la cabeza –Ahora debo volver.

-Igual me paso algún día para ver cómo va la excavación.

-Vale, pero fíjate dónde pisas.

Y sin girarse más veces sale de la cafetería y se va, esperando que no le echen ninguna bronca por haberse escaqueado del trabajo un rato.