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05 January 2011 @ 03:21 pm
[fic] Gokusen Movie: Series (Miroku-Hiroto)  
GOKUSEN MOVIE SERIES

Título: Por un beso tuyo (daría lo que fuera)
Autora: slayer_kur 
Fandom: Gokusen Movie
Pairing: Miroku + Hiroto
Resumen: Hubo una vez un beso. O no. Finalmente sí.
Rating: Nc13
Warnings: Slash M/M. Humor. Fluff.
Notas: POST Gokusen Movie

 

-Vale, ya estoy.

Como si oyera llover, Miroku no hace ni caso de la afirmación y continúa leyendo como si tal cosa la revista que tiene entre las manos. La postura es incómoda, pero donde están, en un prado verde donde lo único que hay es césped y un riachuelo, tumbarse en el suelo era la opción más factible con la que ha dado. A su espalda, aún de pie, Hiroto tiene los ojos cerrados y los labios fruncidos en una expresión de lo más sugerente y graciosa, pero cuando no nota más que una suave brisa en la cara, decide abrir los ojos y no puede evitar que aparezca un ceño horroroso en su entrecejo cuando observa que Miroku sigue tumbado en la hierba leyendo.

-He dicho que ya- Al menos esta vez, Miroku tiene la decencia de girarse y mirarle de arriba abajo, y emitiendo un sonoro suspiro de resignación, se levanta de un salto, dejando la revista a un lado y caminando hacia él. Hiroto puede sentir su corazón acelerarse cuando le ve acortar los últimos pasos que les separan, lo tiene encima, alto y seguro de sí mismo, con su chaqueta de cuero y sus pantalones vaqueros con ese estilo que sigue pareciendo que necesitan un lavado pero que en realidad son así.

Está delante, a escasos centímetros, y aunque Hiroto no es excesivamente bajito, Miroku sigue siendo más alto así que levanta la cabeza para que sus ojos estén a la misma altura; unos ojos que le miran brillantes y un poco impacientes. La cara cada vez se acerca más, hasta el punto de que tiene que cerrar los ojos para concentrarse. Le siente cerca, muy cerca, casi como si ya le estuviera besando, solo que Miroku todavía no le ha llegado a tocar, y a él está a punto de darle un paro cardíaco. Todo lo preparado que creía estar era una absoluta mentira porque los puños se le cierran instintivamente y su boca más que dispuesta está más bien mordisqueada por los nervios.

El beso no llega, y por segunda vez, Hiroto abre los ojos buscando la razón. Miroku está mirándole con la lengua apoyada en la comisura, y no hace ademán de acercarse más; la breve decepción que alcanza a ver en sus ojos le hace pensar que es una persona horrible y que no merece que nadie le quiera nunca más.

-Lo siento, no puedo- Hiroto se encuentra murmurando las palabras y el suspiro de Miroku ahora es abatido, e incluso lanza las manos al aire exclamando algo que el pelirrojo no alcanza a entender porque le está dando la espalda.

-Está bien, vámonos.

-Pues vámonos- Hiroto desvía la mirada hacia el riachuelo, concentrándose en cómo baja el agua, preguntándose si estará tan fría como parece, lo que sea con tal de no fijarse en Miroku mientras recoge los cascos de la moto que tienen aparcada a un lado, y sobretodo, que no le vea a él con la expresión atribulada, porque él no tiene expresiones atribuladas. Él tiene dos expresiones: la de indiferencia y la de recién levantado, y no está dispuesto a demostrarle a Miroku que desde que se conocen, siente un montón de cosas a las que no puede ponerles cara. Ahora no sabe exactamente qué cara tiene que tener, espera que sea una que le haga parecer enfadado o al menos que le da igual el asunto, pero supone que no porque por el rabillo del ojo ve a Miroku parándose en seco cuando le mira.

-Me gustaría poder decirte algo que no te haya dicho ya, Hiro, pero después de dos meses estoy algo espeso en palabras porque creo que he probado con todo.

Hiroto finge que ni siquiera le escucha y se cruza de brazos volviendo a centrar su atención en el agua; el tiempo refresca ya, y lo agradece.

-Es sólo un beso, por Dios. Un besito, un juntamiento de labios, lo que sea. No estamos discutiendo el matrimonio; si necesitamos dos meses para hacer un curso de preparación al beso, menos mal que no tengo que imaginarme lo que necesitaríamos para prepararnos en el asunto de la descendencia porque entonces nos haríamos viejos.

 

Hiroto no es de los que dan explicaciones porque está demasiado acostumbrado a actuar por su cuenta, pero en esos momentos siente que debe decir algo, aunque no está muy seguro de que el tono de voz no le vaya a dejar ver a Miroku lo realmente avergonzado que está.

-Igual para ti será fácil, pero yo no estoy acostumbrado a besar…hombres.

-Ah, yo es que voy besando hombres por las esquinas, no te fastidia.

Hiroto gira la parte superior del cuerpo, lo justo para poder dedicarle una mirada enfadada, y Miroku le responde entrecerrando los ojos, pero dos segundos después desiste y vuelve a suspirar hundiendo los hombros, jugando con el manillar de la moto.

-No se trata de besar o no besar a un hombre, un beso es un beso Hiro, y tú lo sabes. Si de lo que se trata es de que no quieres besarme a mí…yo…

-No es eso- Le corta rotundamente aunque luego se arrepiente de haber sonado tan seguro de sí mismo, así que vuelve a adoptar un tono neutro que le deje menos expuesto –No es por ti.

-Eso me suena a cuando en las películas rompen con alguien. Te falta decirme que me quieres como a un amigo, o a un hermano- Lo dice con humor pero hay un deje de duda en el tono.

-Yo no quiero a mis amigos, Miroku.-Después de decirlo se da cuenta de lo mal que ha quedado eso, así que intenta arreglarlo sin hacerle parecer el hombre de hielo. –Mis amigos son mis amigos y ya está, no tengo por ellos ningún sentimiento en especial.

-¿Y por mí sí tienes un sentimiento especial?- Por primera vez desde que están en el prado, Miroku sonríe ampliamente cuando Hiroto le dedica una mirada elocuente sin responder realmente, tan solo dejándole interpretar lo que él quiera.

-¿Entonces cuál es el problema?- Miroku asiente distraídamente cuando Hiroto se encoge de hombros sin contestar y de nuevo mira el riachuelo. Volviendo a desmontar de la moto se acerca a él. –No es mi intención presionarte, Hiroto.

 

El pelirrojo no responde porque en realidad sabe que es verdad. Llevan saliendo dos meses y se siente como una virgencita mojigata pero es que de verdad de la buena que no es capaz de pensar con claridad cada vez que intuye que llega el momento de que Miroku se acerque más de la cuenta. Todo ese tiempo han estado jugando al ratón y al gato, y se siente mal al reconocer que las primeras citas incluso intentó sabotearlas para evitar cualquier tipo de intimidad. Y eso que al pobre Miroku ya le había costado suficiente suplicio convencerle de que le diera la oportunidad de salir juntos, al menos como amigos, y al menos una vez, hasta que había accedido, por pesado.

Por ejemplo, en la primera de esas citas –aunque hay que decir a su favor que en esos momentos no sabía que habría más de una- utilizó como chivo expiatorio a su hermano; se lo llevó al cine con ellos y lo sentó en medio y además se encargó de que la película fuera una mata-atmósferas para eliminar toda posibilidad de llegar al contacto. Pero a Miroku ni siquiera le importó, al contrario, estuvo comentando la película con su hermano de diez años, siguió comentándola cuando los llevó a cenar, y continuaron hablando de ella cuando Miroku cogió a Ren en brazos al sentir que comenzaba a fatigarse. Hiroto se sintió –no tanto- en la obligación de compensar al otro por esa noche y le invitó a tomar algo en el embarcadero, pero cada vez que Miroku hacía intención de acercarse, Hiroto actuaba como un repelente y se alejaba.

Para la siguiente cita intentó prepararse mejor. No es que, para empezar, pensara que era una cita, y por lo tanto no estaban obligados a intimar, pero cuando vio aparecer a Miroku con unos pantalones limpios y una camisa que le sentaba como un guante, se vio en la necesidad de justificar que él también se había puesto guapo sólo porque esa camisa había sido un regalo de un amigo suyo que trabajaba en una tintorería y se la habían dejado abandonada. La compañía de Miroku no le resultó asfixiante en ningún momento, pero cuando llegó el momento de despedirse al dejarle en la puerta de casa cual damisela, a Hiroto le entró la neura de que no estaba preparado para eso y se dio la vuelta, marchándose sin más, sin ni siquiera despedirse. Había pasado la noche en vela pensando en ello, aunque no lo reconocería ni a punta de pistola, pero había imaginado una y otra vez que Miroku le detenía cogiéndole de la muñeca, arrastrándolo hacia él y besándole. Luego tuvo que sacudir la cabeza y golpearse con la almohada porque la vergüenza, una vergüenza que no había sentido ni cuando era un adolescente de instituto y se llevaba a alguna chica al armario de la limpieza, le embargó. De todas formas, la imagen de Miroku intentando besarle en su sueño se le quedó pegada con superglue en la cabeza, de una manera tan mal sana que pensó que estaba alucinando cuando la siguiente vez que salieron a tomar algo Miroku se inclinó después de estar un rato contemplándole. Con todas esas farolas y la gente a su alrededor, al pelirrojo le fue absolutamente imposible proceder y acabó apartándose y caminando por el paseo él solo hasta que Miroku se recuperó y corrió hacia él para alcanzarle, sin decir nada sobre el asunto.

La idea de la segunda sesión de cine, esta vez solos, había sido totalmente suya, y aún no entendía por qué. Pensó que tal vez con todo oscuro y sin gente mirándoles le sería más fácil, pero cuando sintió a Miroku revolverse en el asiento sin intentar propasarse con él, se giró y se quedó a cuadros al verle llorar conmovido por la película. ¿Quién demonios iba al cine a ver una película de verdad a una sesión golfa? Todo el mundo a su alrededor estaba dándole al tema menos ellos, y no es que él tuviera especial interés en llegar a eso con Miroku, ni mucho menos, por él mejor que fuera así de neutra su relación, pero después de lo que le había costado decidirse, esperaba un poco de, al menos, atención.

Lo intentó de nuevo a la semana siguiente con otra película de menos lloros y más acción, a este paso iban a verse toda la cartelera. Hiroto estaba preparado para cualquier cosa que pudiera ocurrir; no es que él lo estuviera buscando, para nada, se sentía muy a gusto con ese espacio vital entre ellos dos, pero el corazón estuvo a punto de salírsele del pecho cuando Miroku se inclinó lentamente, tan lentamente que parecía a cámara lenta, tan pero tan lentamente que cuando intentó llegar a sus labios Hiroto ya le había dado mil vueltas al asunto y había terminado arrepintiéndose, así que a lo más que llegó Miroku fue a besarle en la oreja cuando el pelirrojo giró la cara.

También habían probado en una discoteca, pero Hiroto supo desde el principio que ni su cuerpo ni su mente estarían por la labor en un antro así. La música sonaba a todo volumen y había un montón de gente a su alrededor. En realidad, siendo sinceros, era más bien un pub, la música de ambiente y la gente tampoco molestaba tanto, pero se sintió el hombre más ridículo de la faz de la tierra cuando Miroku le empujó a la pista para bailar. Él no había bailado nunca, y tampoco sabía cómo hacerlo; de hecho, contrariamente a la creencia popular, no le sirvió la ayuda que intentó ofrecerle el castaño cogiéndole de la cintura para guiarle con él en el ritmo, porque cuando la gente empezó a llenar la pista obligándoles a acercarse, las intenciones del otro eran tan claras, y otra vez todo se movía tan lentamente, que acabó por salir corriendo hacia el baño para remojarse la cara.

Ahí habían tenido su primera discusión, de pareja o no, lo que fuera, aunque tampoco había sido una discusión en el sentido estricto de la palabra porque Miroku se había limitado a preguntarle con preocupación que qué le ocurría, y que si había hecho algo mal. Por primera vez en la historia, Hiroto había sentido la necesidad de consolar a alguien que no fuera su hermano, y había negado con la cabeza, acercándose al castaño, que lo observaba desde una pila sucia y maloliente en el baño de hombres del pub. No le tocó, tan sólo acortó la distancia para darle a entender que en realidad lo único que había mal ahí era su cabeza. Luego se sintió peor aún porque Miroku pareció entenderle y sonriendo le sacó del pub tirando de él con la mano alrededor de su muñeca, tal y como había soñado.

 

Lo del prado había sido idea de Miroku porque habían intentado intimar de todas las maneras posibles y el resultado siempre era que Hiroto salía huyendo de la situación. Para colmo, luego tiende a pasarse una semana entera serio y distante, hasta el punto de evitarle, y cada vez Miroku no tiene más remedio que sentarse a esperar a que se le pase.

Pensó que por mucho que Hiroto corriera en esa ocasión no tendría ningún lugar al que ir, además tampoco podría quejarse porque había gente mirándoles, o que había mucha luz porque prácticamente ya estaba anocheciendo. Sí, lo había acorralado y no se sentía mal en absoluto.

 

-Hiro.

-¿Qué?- Hiroto va sumido en sus propios pensamientos mientras caminan el uno al lado del otro por el césped, y cuando no escucha a Miroku continuar con la pregunta, se gira para encontrárselo mirándole con la sonrisa perversa.

-Te echo una carrera- Lo dice mientras ya está corriendo orilla abajo y al principio Hiroto lo mira como si fuera imbécil pero cuando se da cuenta de que Miroku no le está viendo, sacude la cabeza y deja que una pequeña sonrisa nazca en sus labios, siguiendo al otro con paso acelerado pero sin correr. No le gusta la gente, así que la mayor parte del tiempo se convence de que lo que le gusta de Miroku es lo que le hace sentir, y no la persona en sí. Y así es mucho más feliz viviendo consigo mismo sin entrar en conflicto con todo lo que ha pensado siempre. Engañándose, y lo sabe perfectamente, sobretodo cuando levanta la vista y le ve continuar corriendo y luego virar hacia el riachuelo hasta meterse en él.

-Está como una cabra- Lo murmura para sí mismo, pero camina hacia él mirándole desde la orilla.

-¿Qué haces? Vas a pillar un resfri…- Cierra los ojos y recolecta paciencia cuando el agua impacta en su cara. Cuando los vuelve a abrir, sintiendo las gotas resbalando por la piel, mira con frialdad a Miroku, que está con el agua hasta las rodillas preparado para tirarle más.

-Ni se te ocurra.

-¿O qué?- Bueno, no lo sabe muy bien, pero algo se le ocurrirá para vengarse, sobretodo cuando la segunda ola de agua le moja la camiseta y tiene que retirarse el pelo hacia atrás cuando los mechones húmedos se le pegan a las sienes.

-Te vas a enterar- Sin pensarlo demasiado, baja el tramo que le queda hasta el río y se mete en él como si fuera Terminator, sin inmutarse cuando el agua fría le llega a las rodillas calándole los pantalones, y sin más dilación se quita la chaqueta lanzándola al césped para que no se le moje el cuero, dando a Miroku la idea para hacer lo mismo. No espera que sea un combate justo, por eso cuando el otro está ocupado quitándose la prenda le sorprende con una patada de agua que le moja hasta las ideas.

-¡Eh!- Está chorreando, el pelo le cae desordenado y la camisa se le pega al cuerpo, pero Hiroto sólo puede pensar en comer o ser comido así que se aparta cuando Miroku le lanza el agua, con la mala suerte de que tropieza con una de las piedras del río que le hace caer con un sonoro splash, sumergiéndole por completo e incluso haciéndole tragar algo de agua. A pesar de que en cualquier momento Miroku se va a mear de la risa, camina hacia él sujetándose el estómago por el esfuerzo de la carcajada y le tiende una mano para ayudarle a levantarse. Sin embargo, Hiroto se aprovecha y retornando a sus días de la infancia cuando la vida todavía no se había cobrado todas sus ilusiones, tira de él riendo cuando el castaño cae al agua a su lado, un poco encima, y se rasca la nariz enérgicamente maldiciendo porque le ha entrado agua por ella.

Están los dos sentados en el río, recuperándose de la risa, y Hiroto tiembla un poco porque el agua está bastante fría al haber perdido la poca calidez que el último sol podía ofrecerle. Y justo cuando va a girar la cara para decirle a Miroku que salgan antes de enfriarse más, las palabras mueren en sus labios al sentir la boca del castaño sobre la suya.

Es un beso que le pilla por sorpresa, no le había dado tiempo a pensarlo ni a prepararse por eso al principio se limita a quedarse quieto, con los ojos abiertos mientras Miroku se mueve más hacia él sin separar los labios. Siente una mano en la nuca que le atrae y no se resiste pero tampoco pone de su parte cuando nota la boca de Miroku abrirse y la lengua lamiéndole primero el labio inferior y a continuación el superior.

-Deja de pensar- El susurro es tan inaudible que Hiroto por un momento piensa que se lo ha imaginado, pero sabe que no, a pesar de que no sabe cómo se las ha ingeniado Miroku para decirlo sin separar sus labios de los suyos. Cierra los ojos y frunce los labios tal y como estaba haciendo un rato antes de convencerse de que seguía sin poder besarle, y siente al castaño riéndose disimuladamente por lo extraño de la expresión, pero lejos de separarse, le acerca todavía más, besándole los morros fruncidos con pequeños besos.

Bueno, no se está tan mal, piensa Hiroto. Es raro, sí, diferente a todo lo que había probado nunca, pero no tanto como para no saber lo que hacer, así que haciendo caso a Miroku y sin pensar demasiado en ello, decide abrir por fin la boca y dejar que la lengua del castaño entre en ella a la vez que emite un jadeo de júbilo que les hace sonreír en el beso a los dos. Hiroto está tan feliz de que por primera vez en tanto tiempo un sentimiento amable le caldee el interior, que no le importa en absoluto que Miroku se deje caer encima de él todavía medio riendo medio besándole, y suspira cuando su cabeza entra en contacto con el agua ya congelada, haciendo que sus brazos se ciñan con más fuerza alrededor del cuello del otro.

-Hace frío.

-Mmm- Por él podrían estar en el Polo Norte y seguiría sintiéndose templado porque hacía milenios que lo único que creía que podía sentir era frío e indiferencia hacia todo lo que le rodeaba.

Abre los ojos cuando nota que Miroku ha dejado de besarle, y le mira inquisitivamente levantando una ceja.

-Estás temblando- Sí, bueno, pero eso no es por el frío. Quiere decírselo pero no puede, y por eso termina encogiéndose de hombros y atrayéndole de nuevo hacia sí, dando el paso por primera vez. No rompe el beso cuando Miroku le ayuda a levantarse ni tampoco cuando camina de espaldas hacia la orilla. Menos mal que si caen, caen en blandito, porque en esos momentos no tiene ganas de poner sus sentidos en ninguna otra cosa que no sea lo que le hace sentir Miroku cuando le besa.

-¿Qué tal?- Ya en la orilla, aunque todavía con las manos en su cintura, el castaño se separa, cuanto a penas, mirando a Hiroto que continúa con los ojos cerrados.

-Bueno…-después de una pausa dramática que a Miroku le parece de horas, Hiroto abre los ojos desviando la mirada como si buscara las palabras. –En realidad no ha estado mal. –Lo dice con el tono más indiferente que consigue, aunque se relaja cuando el castaño sonríe como si le hubieran hecho el mejor cumplido del mundo. Y es por esa sonrisa que le desconcentra, que no se da cuenta de la treta hasta que se encuentra en el suelo con Miroku encima, apoyando parte de su peso en el césped.

-Tendremos frío- Lo dice mirando hacia abajo, observando su ropa chorreando de agua congelada, sin embargo, se siente más cálido que en toda su vida cuando Miroku estira el brazo alcanzado la chaqueta de cuero que hay tirada en el césped, y la utiliza para taparlos a los dos antes de inclinarse a besarle otra vez.